viernes, 21 de julio de 2017

SI ME QUERÉIS, IDOS



Artículo publicado en La Opinión de Tenerife el 21 de julio de 2017




Corría el mes de agosto de 1983 y estaba a punto de oficiarse la boda entre la cantante Lolita, primogénita de Lola Flores, y el joven argentino Guillermo Furiase. La enorme popularidad de los contrayentes y, sobre todo, de la madre de la novia, provocó que se agolparan en el interior del recinto unas cinco mil personas de todo pelaje, llegadas desde diversos puntos de la geografía española y que, obviamente, impedían el correcto desarrollo de la ceremonia (en el hipotético caso de que no hayan visto todavía las imágenes, háganlo sin tardar porque, desde el punto de vista antropológico, no tienen desperdicio. Las encontrarán fácilmente en el archivo de RTVE). El caso es que la folclórica por excelencia, a voz en grito y temiendo que su hija no pudiera casarse en condiciones -de hecho, terminó contrayendo en el despacho parroquial y al borde de la lipotimia-, profirió aquella impagable frase “si me queréis, irse”, que ha calado para siempre en el habla popular. 

Ingenua de mí, me he pasado treinta y cuatro años creyendo que no hacía falta explicar que el mensaje era gramaticalmente incorrecto y que la expresión adecuada era “si me queréis, idos”. Sin embargo, resulta que, con la inestimable colaboración de mi admirado Arturo Pérez Reverte resolviendo la duda existencial de unos internautas, ahora va la Real Academia Española y admite “iros” porque, según sus académicos, así lo dice la mayoría de los hablantes. Por lo visto, el criterio de la RAE es otorgar validez a aquello que los ciudadanos expresan con insistencia. Dicho de otro modo, que todo vale si la gente lo avala con la práctica cotidiana. El argumento resultaría defendible si no fuera por el pequeño detalle de que no todo lo que vale se sitúa en el lado de la tradición y la belleza (esta reflexión es mía, todavía no repuesta de la incorporación al diccionario de las toballas playeras y las almóndigas en salsa de tomate). 

E, ingenua de mí, me he pasado asimismo cerca de medio siglo creyendo que tan magna institución servía realmente para limpiar, fijar y dar esplendor a la Lengua Castellana, o sea, para cultivar y preservar su pureza y elegancia, y no para incorporar sus incorrecciones. Por eso, entre los innumerables comentarios y chascarrillos suscitados por la medida, hay uno que me ha llamado particularmente la atención. Manifiesta un crítico indignado que “aceptar palabras erróneas sólo porque se usan es como si la Dirección General de Tráfico fuese cambiando las tasas de alcoholemia en función de lo que la gente bebe”. En mi humilde opinión, la controvertida Real Academia Española, después de trescientos años de historia, no sólo pone en peligro su prestigio con este tipo de decisiones sino que, además, arriesga su posición de liderazgo respecto de otras instituciones enfocadas al estudio de nuestra lengua común. 

Cabe apuntar que, curiosamente, quienes juzgan que los idiomas son elementos móviles, tampoco suelen considerar a la RAE santo de su devoción, ya que califican su trayectoria de arcaica y poco flexible. Por lo que a mí respecta, defiendo que la flexibilidad, según en qué ámbitos, está de más. El verdadero debate ha de surgir de si un término es correcto o no. A partir de ahí, que algunos (o muchos) opten por darle un uso desacertado, con total libertad, pero a sabiendas de que lo que dicen está mal dicho. Nada más. 

A la vista del revuelo ocasionado, la propia RAE acaba de difundir un comunicado reiterando que la norma culta sigue prefiriendo "idos" y que no se debe confundir el imperativo "iros" con el infinitivo "iros" ni, por supuesto, extenderse la fórmula a otros verbos. La cuestión es saber hasta qué punto se corre el riesgo de que la validación de “iros” produzca el temido efecto contagio sobre otros imperativos vulgarizados erróneamente, como “marcharos” o “quedaros”. Habrá que dar tiempo al tiempo. Pero yo me temo lo peor.

martes, 18 de julio de 2017

EL ARTE COMO CURA DEL ALMA





La utilidad de las artes es incuestionable. Se aprende tanto a través de ellas… Se viven unas experiencias tan únicas en su compañía… A través del arte conectamos con el mundo, con los artistas y con la Humanidad en sí misma, como si un hilo invisible nos uniera pese distancias kilométricas de separación. Y, como los sentimientos y las emociones son universales y nos conciernen a todos, cada manifestación artística nos despierta un estímulo diferente. 

El arte es bálsamo y refugio. ¡Qué maravilla expresarse por medio de una pintura, una escultura, una composición musical o una poesía, si ya lo es el hecho de poseer la sensibilidad necesaria para valorarlas y disfrutar de ellas! Por lo tanto, no es de extrañar que la circunstancia de afrontar una estancia hospitalaria ayudado por la contemplación de una selección de lienzos sirva en muchos casos para que un paciente se sienta mejor. 

Esta es la premisa de la que ha partido el proyecto ARTE QUE SANA EL ALMA, impulsado por la Comunidad de Madrid en colaboración con el Museo Thyssen. Defendiendo la idea de que los museos no deben ser únicamente espacios que alberguen obras de arte, sino que tiene también que asumir una responsabilidad social mediante programas educativos y de integración, la citada pinacoteca ha cedido al Hospital de media estancia La Fuenfría parte de su colección: 300 láminas de 27 cuadros elegidos por un médico especialista en Arte y Medicina. 

Se trata de una iniciativa enmarcada dentro del objetivo de humanizar la atención sanitaria y viene avalada por el desarrollo de otra muy similar llevada a cabo en Escocia, aunque en el caso de la capital de España son los propios enfermos quienes deciden qué obras visionar. La disminución de la frecuencia cardíaca, del estrés y del umbral del dolor son algunas de las ventajas demostradas científicamente con esta práctica. Por ejemplo, el predominio de los tonos verdes y azules ayuda a rebajar la ansiedad y el sufrimiento, mientras que los paisajes contribuyen a reducir el ritmo respiratorio y las palpitaciones, con lo que se eliminan la negatividad y los miedos. 

El centro hospitalario ha elaborado un catálogo que mostrará a los pacientes en el momento de su ingreso para que elijan la opción que más les guste y, ya enmarcada, se colocará en su habitación. Joyas como “La casa blanca” de Erich Heckl, “Mujer con sombrilla en un jardín” de Pierre-Auguste Renoir, “Bailarina basculando” de Edgar Degas, “Martha Mckeen de Wellfleet” de Edward Hopper (en la imagen) o “Mujer en el baño” de Roy Lichtenstein decorarán las habitaciones de las personas ingresadas. Sin duda, una propuesta altamente recomendable que ojalá se extienda a otras Comunidades Autónomas.

viernes, 14 de julio de 2017

LA INTOLERABLE PENALIZACIÓN DE LA MATERNIDAD



Artículo publicado en La Opinión de Tenerife el 14 de julio de 2017

Artículo publicado en La Provincia (Diario de Las Palmas) el 19 de julio de 2017





A estas alturas del milenio, las mujeres españolas tenemos menos hijos que nunca. Desde que existen datos al respecto, el año pasado fue el segundo consecutivo en el que murieron en nuestro país más personas de las que nacieron, situándose las estadísticas sobre natalidad en mínimos históricos. Según el INE, en 2016 la edad media para el ejercicio de la maternidad alcanzó su cota máxima (32 años), manteniéndose la cifra de hijos por mujer en 1,33. 

Después de Portugal, España es la nación de la Unión Europea donde nacen menos niños. El planteamiento tardío del embarazo, unido a las trabas laborales asociadas al mismo, constituye un freno demográfico tan patente como alarmante, por las graves consecuencias que comporta a corto, medio y largo plazo. En ese sentido, las políticas llevadas a cabo en este terreno por quienes nos han gobernado en las últimas décadas, con independencia de las siglas, se han revelado abiertamente estériles. El fenómeno, por desgracia, no es actual. Por eso mismo, parece mentira que nuestros dirigentes no sean capaces de entender que se trata de uno de los problemas esenciales que nos aqueja como sociedad y que su tratamiento debería ser absolutamente prioritario. 

Sin embargo, no avanzamos. La costumbre de que las entrevistas que preceden a las contrataciones incluyan cuestiones personales relacionadas con el estado civil y los planes de aumentar la familia de las candidatas está generalizada. Es muy excepcional que el reclutador de turno no pregunte abiertamente a la aspirante al puesto si tiene pareja estable o piensa ser madre en el futuro. A las mujeres se nos coloca una y otra vez en la tesitura de responder sobre determinados aspectos que conciernen única y exclusivamente a nuestra esfera privada, sobre las que un varón raramente se ve interpelado. 

Además, el espinoso asunto de la reproducción se asocia injustamente a la dudosa rentabilidad empresarial de las futuras parturientas. La convicción de que la responsabilidad de la crianza y posterior cuidado de los niños recae principalmente sobre sus progenitoras pesa como una losa. Y es en este recurrente escenario en el que la compañía aérea Iberia acaba de ser condenada a pagar una ridícula y ofensiva multa de 25.000 euros por exigir un test de embarazo a sus solicitantes de empleo. La Consejería de Trabajo balear, órgano del que partió la denuncia, ha respaldado la decisión de la Inspección de Trabajo, que califica la infracción como "muy grave". 

La práctica se llevaba a cabo por una empresa intermediaria de trabajo temporal, que la incorporaba dentro de su preceptivo reconocimiento médico. La bochornosa exigencia se complementaba con pruebas de esfuerzo y analíticas de consumo de drogas, entre otras. De todos modos, lo más indignante para mi gusto ha sido la excusa esgrimida por la aerolínea cuando se ha visto lanzada a los pies de los caballos mediáticos. Dicen sus responsables que la prueba de marras se realizaba para evitar que las embarazadas ejerciesen trabajos que comprometiesen su salud y la de sus bebés. ¿De verdad piensan que realmente somos tan imbéciles? Me parece el colmo de la poca vergüenza. 

En casos así, los protocolos pertinentes obligan a que las trabajadoras comuniquen su estado después de haber firmado el contrato, siendo entonces cuando los contratantes, para no poner en riesgo la salud de las gestantes y la de sus criaturas, les asignen las labores más adecuadas a cada caso. Como es lógico, las autoridades no se han dejado embaucar por los argumentos caritativos de la aerolínea. No les cabe la menor duda de que Iberia intentó evitar su contratación porque, en dicho período, las afectadas disfrutan de algunos beneficios que aumentan los costes de la empresa. Ojalá este precedente sirva para que otros empleadores no caigan en la tentación de pasarse el artículo 14 de la Constitución por el forro de sus caprichos.


viernes, 7 de julio de 2017

ODA AL BOCADILLO DE CHORIZO



Artículo publicado en La Opinión de Tenerife el 7 de julio de 2017





Ya ha transcurrido más de un lustro desde la primera vez que escribí acerca del peligro que comportan los trastornos alimentarios. Por desgracia, aquel artículo titulado “La anorexia desfila de nuevo sobre la pasarela” no pierde vigencia y se une a otros muchos dedicados a mis permanentes cruzadas contra el culto a la belleza, la obsesión por la juventud o los peligros de la exposición solar desmedida. 

Vaya por delante que me parece muy conveniente cuidar el aspecto físico e intentar dar la mejor imagen de uno mismo, no sólo externa sino también interna. Pero, de ahí a poner en riesgo la salud, va un abismo que jamás he estado dispuesta a atravesar. De hecho, quienes mejor me conocen saben de sobra que para mí un mundo sin bocadillos de chorizo no es un mundo, sino una estafa. Supongo que el hecho de haber nacido en Pamplona explica mi pasión desmedida por tan glorioso embutido, máxime en estas nostálgicas jornadas sanfermineras. 

La cuestión es que el pasado domingo comenzó en París la última edición de sus famosísimos desfiles de alta costura, una de las citas internacionales por excelencia en la que las firmas más prestigiosas dan a conocer sus esperadas colecciones de otoño-invierno. Pese al todavía dominio de los atuendos femeninos, en la presente temporada las prendas masculinas han elevado su categoría hasta el punto de generar una atención casi idéntica. Y ahora que el último objetivo del universo de la aguja es el hombre, ha sido Dior el encargado de suscitar la polémica, y no precisamente por culpa de sus patrones o tejidos sino por los modelos masculinos que ha escogido para lucirlos. 

Basta acceder a las imágenes del mediático evento para toparse con un rosario de cuerpos escuálidos y rostros enfermizos que exhiben sus huesos ante la atenta mirada de la flor y nata del famoseo internacional sentada en primera fila. A la capital francesa le seguirán en breve otras urbes como Londres, Milán o Nueva York, donde se reproducirá este mismo drama, que recibe el nombre de manorexia y provoca estupefacción en quienes defendemos con uñas y dientes los hábitos de vida saludable recomendados por los profesionales de la Medicina. 

Pero, por si no era suficiente con padecer año tras año el triste espectáculo de contorsionismo de jovencitas de piernas raquíticas y miradas lánguidas sobre una tarima, la atención se centra actualmente en la otra cara de la misma moneda, esa que afecta a unos muchachos tan extremadamente flacos que asustan al miedo. En esta clase de desfiles irrumpen también con fuerza dos nuevos perfiles: el de las mujeres de aspecto masculino y el de los varones de apariencia femenina. Pero lo verdaderamente demoledor es que estos cuasiesqueletos que dan ganas de llorar sean reclutados por las empresas más cotizadas como ejemplo de elegancia y sofisticación. 

Sea como fuere, lo cierto es que el anhelo de adaptarse a estos prototipos corporales tan rechazables está provocando que no pocos adolescentes opten por dejar de comer e invadan los gimnasios, en una frenética carrera hacia la delgadez extrema. Sigo pensando que, tanto los empresarios del sector (que continúan desoyendo las reiteradas recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud) como los propios modistos (que no cejan en su empeño de contratar a auténticas perchas humanas) incurren en una serie de responsabilidades que acarrean graves consecuencias dentro y fuera de su entorno laboral, limitándose a manifestar unos falsos propósitos de enmienda de cara a la galería que no son más que papel mojado. 

Vivimos en una sociedad llena de contradicciones y ya va siendo hora de reflexionar sobre determinadas conductas que, objetivamente, no tienen ni pies ni cabeza. Desde luego, sobre este concreto asunto se impone una profunda reflexión si, al menos, pretendemos que una parte considerable de la juventud actual no se vea abocada a un callejón sin salida.



martes, 4 de julio de 2017

PAMPLONA DE MI QUERER





Pamplona de mi querer: 

Cuando en apenas unas horas vuelvas a convertirte en una de las capitales del mundo, me resultará inevitable pensar en ti desde la distancia. 

Cada vez que abandono tu dulce regazo para retornar a mi Santa Cruz de adopción, traigo la maleta llena de recuerdos y el corazón rebosante de sentimientos. 

Ciudad bella entre las bellas, una canción popular te define como “la Perla del Norte” y argumentos no le faltan. 

Sobrevolar un mar de verdes campos para reencontrarte justifica plenamente cruzar el inmenso océano azul que nos separa. 

Rodeada de suaves montañas, todo en ti es elegancia y hermosura. 

Tradición y modernidad se alían armoniosamente en tus calles y plazas, en tus palacios e iglesias, en tus parques y murallas. 

Y en esos escenarios tan adorados puedo revivir eternamente mi infancia y mi juventud. 

Significas familia y amigos, colegio y Universidad, amores y desamores. 

Paseando a las orillas del Arga, una atmósfera de quietud se quiebra por el leve murmullo del río abriéndose paso entre los árboles. 

Recorriendo los jardines de la Taconera y de la Media Luna no paro de descubrir entre tus flores y plantas colores nunca vistos. 

La historia, el arte y la cultura son compañía privilegiada para quienes, a lo largo de los siglos, hemos tenido la fortuna de nacer en la capital del Viejo Reyno de Navarra. 

Gracias infinitas por seguir permitiéndome regresar de cada viaje a las faldas del Teide con los cinco sentidos llenos de ti. 

Por ver a San Fermín con su manto rojo y su mitra brillante. 

Por oír el himno de Osasuna cuando el equipo salta al césped. 

Por degustar alcachofas con jamón en compañía de un buen rosado. 

Por respirar el olor a madera de los retablos de la Catedral. 

Pero, por encima de todo, por abrazar largamente a mis seres queridos, para que ni ellos ni tú olvidéis jamás cuantísimo os quiero.

viernes, 30 de junio de 2017

LA OBLIGACIÓN CONSTITUCIONAL DE DEFENDER A LA FAMILIA



Artículo publicado en La Opinión de Tenerife el 30 de junio de 2017

Artículo publicado en La Provincia (Diario de Las Palmas) el 3 de julio de 2017




El denominado Derecho de Familia abarca todo lo referente a las relaciones personales y patrimoniales de los integrantes de dicha institución y, aunque procede del Derecho Civil, cuenta con unas particularidades muy notables que llevan a considerarlo una rama jurídica autónoma. Dividido en tres áreas que comprenden las relaciones matrimoniales y de pareja, la filiación (bien sea matrimonial, extramatrimonial o adoptiva) y las instituciones de guarda legal (a saber, patria potestad, tutela y curatela), desde hace años se viene solicitando de manera insistente por parte de determinados sectores profesionales y doctrinales la creación de una jurisdicción propia. 

A consecuencia de los cambios sociales experimentados en los últimos tiempos, la progresión numérica y el incremento de peso específico de las materias que lo conforman constituyen una realidad innegable. Con esta medida, pues, se daría una respuesta satisfactoria a la dimensión que han ido adquiriendo estos procedimientos ante los tribunales de nuestro país. También es preciso tener en cuenta que, a día de hoy, los Juzgados de Familia sólo funcionan en las grandes ciudades, mientras que en el resto de poblaciones y núcleos rurales las cuestiones de referencia se dirimen en los Juzgados de Primera Instancia e Instrucción. Allí los jueces se encargan de asuntos pertenecientes a ambos órdenes por lo que, sin duda, unos tribunales exclusivos de Familia mejorarían este sensible escenario. 

Se han llevado a cabo en las recientes décadas notables modificaciones legales en atención a las transformaciones de hábitos y convicciones de la ciudadanía. Leyes como la de Igualdad Efectiva de Mujeres y Hombres o la de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género dan fe de ello. Sucede lo mismo con situaciones sobrevenidas, como la extinción o el mantenimiento de las pensiones alimenticias a los hijos mayores de edad que ni estudian ni trabajan. Se trata, pues, de nuevos retos con los que a diario se topan los profesionales de la Abogacía. 

Conscientes de que los conflictos en la esfera familiar se mueven a la misma velocidad que la evolución de la sociedad donde se generan, la problemática estriba en que, con mayor frecuencia de la deseable, las citadas reformas legislativas no se abordan de modo acertado. A menudo, el legislador prescinde de la opinión de los juristas expertos en la materia y, tanto Parlamentos como Gobiernos, realizan tan relevante misión sin tener en cuenta las aportaciones de quienes ejercen el Derecho de Familia en la primera línea. De hecho, estos procesos superan el veinticinco por ciento de los litigios producidos en España, volumen que justifica que desde los Colegios de Abogados y la Asociación Española de Abogados de Familia, se estime necesaria la existencia de jueces, fiscales, secretarios judiciales y letrados especializados, con el fin de entender correctamente los comportamientos y las figuras jurídicas asociadas a un campo mucho más complejo de lo que pudiera parecer a simple vista. 

En mi opinión, las ventajas de unos tribunales específicos de Familia resultan incuestionables y la fundamental es que se mejoraría sustancialmente el servicio a los justiciables, como sucede en otros países que ya se han sumado a esta opción con resultados positivos. Está claro que, si la especialización tiende a imponerse en otros terrenos, el Derecho no debe ser una excepción y algunas de las razones que sustentan tal afirmación ya han quedado expuestas. Pero es que, además, existe otra todavía más poderosa: la defensa de la familia como obligación, establecida en el artículo 39 de nuestra vigente Carta Magna. 

Para concluir, quiero insistir una vez más en mi permanente cruzada en favor de la Mediación, una excelente vía alternativa de resolución de conflictos que trata de evitar su judicialización y que resulta particularmente apta para resolver las discrepancias enmarcadas el seno familiar, si bien su aplicación puede extenderse a otros muchos ámbitos (civil, mercantil, laboral, comunitario, escolar…). Pero la familia es la piedra angular de la sociedad y su defensa nos concierne a todos los ciudadanos. Sin excepción.



martes, 27 de junio de 2017

LA EJEMPLARIDAD COMO MODO DE VIDA




El pasado martes 20 de junio tuve la fortuna de acudir a un magnífico encuentro dentro del Ciclo de Conferencias organizado por el Real Casino de Santa Cruz de Tenerife, cuyo protagonista fue Javier Gomá Lanzón (Bilbao, 1965), una de las figuras más destacadas de nuestro país en ese noble arte que es pensar

Filósofo y escritor, el actual director de la Fundación Juan March se implica en dotar de significado a lo que hacemos en nuestro día a día. Reviste de filosofía la cotidianeidad y así lo vuelca en sus artículos. Doctor en Filosofía y Licenciado en Filología Clásica y Derecho, buena parte de su producción literaria circula en torno a la ejemplaridad. 

En su último libro, “La imagen de tu vida”, aborda además la perdurabilidad después de la muerte. Habla de lo que somos y de lo que dejamos en este mundo cuando nos vamos de él, y afirma que el fallecimiento es la condición indispensable para valorar a alguien de forma definitiva. Para Gomá, con el adiós a la existencia se va lo accidental y queda lo elemental. Por mucho que uno se conozca, sigue siendo un misterio para sí mismo. 

El verdadero conocimiento de las personas es póstumo: "Mientras uno vive, la imagen está en gestación y puede variar. Se fija con la muerte. Es en ese momento cuando se aprecia. Sólo con la muerte aprendes el significado de la palabra jamás". Y, aunque el tránsito no sea igual para todos ellos, quienes fallecen dejan un ejemplo a aquellos que les sobreviven. Esa es su gran obra. Su legado eterno. El autor enlaza este convencimiento con su propia experiencia de la muerte de su padre, ocurrida en 2015, indicando que los progenitores son ese itsmo que une a los seres humanos con su infancia. Si se hunde esa conexión, desaparece la niñez. 

El ideal de la ejemplaridad, por tanto, nos exhorta a cada uno de nosotros a dignificar nuestra propia vida y a producir, mientras vivamos, un impacto positivo en nuestro círculo de influencia. Pero será al extenderse al reino de la posteridad cuando descubra su torso más general, definitivo y memorable. En palabras del ensayista, no existe superior tarea que aprender a ser mortal, que asumir nuestra mortalidad bajo un yo cotidiano, un yo del montón, sin relieve. También sin dramatismo (me atrevo a añadir). Se trata de vivir y morir con dignidad y de, al final del camino, poder sentir que se ha sido una buena persona.

Nada más. Nada menos.

viernes, 23 de junio de 2017

TOCA, BESA, ABRAZA



Artículo publicado en La Opinión de Tenerife el 23 de junio de 2017

Artículo publicado en La Provincia (Diario de Las Palmas) el 26 de junio de 2017






No hay duda de que el contacto físico constituye una necesidad básica para el bienestar emocional del ser humano. En ocasiones, una mera caricia, un apretón de manos o un pellizco en la mejilla contienen un mensaje que, traducido en palabras, superaría las del capítulo de una novela. Sin embargo, algunas civilizaciones se han visto influenciadas negativamente por una herencia cultural poco partidaria de expresar las emociones abiertamente, asociando este comportamiento a debilidad y vulnerabilidad. Además, se abonan a la tendencia errónea de sexualizar y, por lo tanto, malinterpretar cualquier gesto que tenga su origen en el tacto. 

Es una verdadera lástima, sobre todo si se tiene en cuenta que nos hallamos ante una de las más eficaces medicinas para el cuerpo y para el alma, desde la infancia hasta la ancianidad. Algunos experimentos llevados a cabo en el campo de la Psicología confirman la teoría de que quienes no mantienen ningún tipo de contacto físico transitan por la vida con mayor infelicidad y peor estado de ánimo. En ese sentido, la tradición ha dotado al género femenino de una permisividad superior desde el punto de vista social, resultando las mujeres más beneficiadas a la hora de expresar sus emociones. 

Pues bien, de todas las posibles manifestaciones del afecto, el abrazo es, sin ninguna duda, mi favorita. Y lo es porque se puede aplicar perfectamente a cualquier persona, con independencia del vínculo sentimental que te una a ella: madre, padre, pareja, hijo, familiar, amigo, amante, vecino o simple conocido. Atendiendo a su intensidad, duración, sinceridad y calidez, de nuestro modo de abrazar se pueden extraer diversas conclusiones. Existen abrazos suaves o firmes, breves o extensos, profundos o livianos, y suelen reflejar el grado afectivo de quien los brinda, su capacidad de entrega emocional y el lugar que el abrazado ocupa dentro de su corazón. 

Por fortuna, en España observamos además la sana costumbre de saludar con dos besos a la gente a la que no conocemos de nada, una práctica que en el resto de países de Europa no se suele imitar. También, para una característica propia de la que, en mi opinión, poder sacar pecho, va y resulta que no es del agrado de los habitantes del Viejo Continente. Como tampoco lo es nuestra tendencia a aparecer por sorpresa cuando no se nos espera, o a llamar a horas intempestivas, o a improvisar planes de un día para otro o, incluso, a salir a cenar sin reserva previa (estoy dispuesta a admitir que, en ocasiones, tanta espontaneidad puede resultar improcedente). 

En todo caso, comparto el criterio de mi admirado Fernando Aramburu cuando afirma en un artículo reciente que en España se abraza bien, lo cual no significa que todo el mundo provisto de Documento Nacional de Identidad esté por la labor. Se conoce que a mí la naturaleza me dotó de una desmesura afectiva que requiere de elevadas dosis diarias y constantes de cariño de ida y vuelta. Lástima que, cuando observo una foto fija de la sociedad actual, me duele constatar que los supuestos avances tecnológicos nos alejan todavía más de las relaciones cuerpo a cuerpo para convertirnos en seres más fríos e individuales y, sinceramente, creo que no deberíamos incurrir en ese grave error. 

Por ello, abogo fervientemente para que, tanto hombres como mujeres, demostremos a diario nuestros sentimientos valiéndonos de los cinco sentidos, con palabras y con gestos, desde la mente y desde el corazón, sin dar nada por supuesto. Las muestras de amor nos ayudan a sobrevivir y, para cuatro días que vivimos, situarnos a la defensiva no parece la mejor opción. Evitar un abrazo (como si el prójimo fuera contagioso o tuviéramos un “numerus clausus” de ellos) es uno de los posicionamientos más tristes por el que los seres humanos pueden apostar. Desde aquí recomiendo a los reticentes que hagan la prueba. Que se den una oportunidad. Y les garantizo que se sorprenderán con los resultados.