lunes, 21 de mayo de 2018

ENTREVISTA RADIOFÓNICA PARA EL PROGRAMA "DE PUERTAS ADENTRO"






El pasado 7 de noviembre de 2017 tuve el honor de acompañar a la periodista Teresa Yusta durante la presentación en Canarias de su libro “PONTE EN MI LUGAR”, en la icónica LIBRERÍA DE MUJERES de Santa Cruz de Tenerife.

La autora se licenció en la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad del País Vasco y su carrera profesional ha estado vinculada primordialmente a Radio Euskadi donde, a lo largo de más de 26 años, se ha situado detrás del micrófono dirigiendo diversos programas y especializándose en temas sociales, sobre todo vinculados al ámbito de la mujer. 

A raíz de aquella primera toma de contacto literaria entre ambas, me cursó una entusiasta invitación para participar en su nuevo espacio radiofónico, denominado “De puertas adentro”, y cuyo enlace de audio comparto a continuación:




Plenamente convencida de que cruzadas como la de la erradicación de la violencia de género son tarea de todos, reitero una vez más mi agradecimiento público a Teresa Yusta por contar conmigo para estos proyectos, cuyo sentido trasciende al mero entretenimiento y se instala en la reivindicación y el compromiso.


Desde aquí mi enhorabuena a esta comunicadora nata por su implicación y sensibilidad. Confío en que su generosa labor se vea recompensada como merece.  

viernes, 18 de mayo de 2018

TODOS MERECEMOS UNA SEGUNDA OPORTUNIDAD



Artículo publicado en La Opinión de Tenerife el 18 de mayo de 2018

Artículo publicado en La Provincia (Diario de Las Palmas) el 19 de mayo de 2018








En su momento me llenó de sorpresa y admiración la lectura de una sentencia dictada por un juez de menores alemán en la que imponía a una joven de dieciséis años una pena inédita: comprar con su dinero un ejemplar del “Diario de Ana Frank”, leerlo y redactar un resumen que debería presentar ante su Señoría en el plazo de diez días. La adolescente en cuestión, que compartía con la famosa chica judía la misma edad que tenía cuando falleció en el campo de concentración de Bergen-Belsen, fue detenida por la policía mientras, ayudada de un bote de spray negro, pintaba enormes cruces gamadas en paredes y muros.

El magistrado, que confesó haber padecido noches de insomnio previas a su toma de decisión, confiaba en que la lectura del libro sirviera a la neonazi para conectar su perturbado universo con otra realidad que desconocía por completo: la de las consecuencias del nacionalsocialismo. En las sesiones del juicio, la peculiar artista callejera fue examinada sobre sus conocimientos históricos y, como era previsible, no supo responder a cuestiones tan básicas como qué fueron las SS, qué valores representaba la esvástica o de qué modo había influido la lacra del nazismo en el ámbito sociopolítico.

Por suerte, no es necesario desplazarse a Centroeuropa para encontrar juristas que defienden que el objeto de una condena no es meramente el castigo, sino la educación y la rehabilitación. Entre ellos destaca por su trascendencia mediática Emilio Calatayud, Juez de Menores de Granada que, debido a su mal comportamiento en la etapa juvenil, atravesó más de una vez las barreras de la legalidad. Quizá por ello, por saber mejor que nadie cómo redimir al delincuente, siempre haya sido partidario de aplicar la fórmula menos habitual pero, al mismo tiempo, la más efectiva: la que propugna que los delitos se pagan sirviendo a la sociedad. 

Con la puesta en práctica de esta teoría, unida a sus constantes invitaciones a escolares para visitar los Juzgados y presenciar in situ algunas vistas, ha logrado reducir considerablemente la delincuencia en la citada provincia andaluza. Sus ejemplarizantes resoluciones van desde obligar a un pirómano a repoblar bosques hasta exigir a un hacker que imparta clases a estudiantes de Informática, pasando por sancionar a chiquillos agresivos a atender a inmigrantes llegados en patera o a obligar a conductores borrachos a visitar a víctimas tetrapléjicas de accidentes de circulación.

Con los datos en la mano, afirma que solo un diez por ciento de los chavales que llegan a su despacho son carne de cañón, aunque admite que no siempre es fácil percibir esa línea fronteriza que les separa del restante noventa por ciento. Tras muchos años convirtiendo sus decisiones judiciales en auténticas lecciones de vida, tampoco duda en reconocer que ser un buen padre puede resultar sumamente complicado para quien no sepa ejercer la imprescindible autoridad, perfectamente compatible con el amor incondicional hacia esos hijos que, mientras no cumplan los dieciocho años, están bajo su exclusiva responsabilidad.

Inspirada según ella misma afirma por el propio Calatayud, la jueza Reyes Martel transita por una senda similar, imponiendo a algunos jóvenes condenados por violencia doméstica la pena de recorrer a pie los cuarenta y cinco kilómetros que conforman el denominado Camino de Santiago canario. Profundamente preocupada por la proliferación en nuestro archipiélago de los delitos de agresión verbal y física a progenitores (más de cuatrocientos casos el año pasado), les obliga a recorrer este original “camino de los valores" junto a sus padres, con el ánimo de restablecer las relaciones y restaurar los afectos dañados entre ellos. Incluso anima a que se sumen a la iniciativa familias desconocidas que, sencillamente, deseen prestarles su ayuda y compartir sus experiencias. 

Coincido plenamente con la visión de estos tres juzgadores y sus resoluciones me llenan de esperanza, porque demuestran que, con cabeza y con corazón, la reinserción social es posible. Porque, en definitiva, todos merecemos una segunda oportunidad.

viernes, 11 de mayo de 2018

LIBRES DE SER ESCLAVOS



Artículo publicado en La Opinión de Tenerife el 11 de mayo de 2018

Artículo publicado en La Provincia (Diario de Las Palmas) el 12 de mayo de 2018



Confieso que el pasado domingo 6 de mayo me sentí gratamente sorprendida al enterarme de que se celebraba el Día Internacional Sin Dietas, una conmemoración que yo desconocía por completo. Por lo visto, se trata de una jornada dedicada a la aceptación del cuerpo humano en todas sus formas, así como a la alerta sobre los peligros de algunos regímenes dietéticos exagerados. Y es que, por desgracia, el verano volverá a colocarnos en pocas semanas a sus puertas y las obsesiones de la mayor parte de la población femenina, lejos de disminuir, aumentarán con él a pasos agigantados. 

Para no variar, los desvelos de más de la mitad de la ciudadanía  -si bien existen cada vez más hombres dispuestos a imitar idénticas penalidades estivales- se centrarán fundamentalmente en dos aspectos: la dieta y el bronceado. Mientras playas y piscinas sigan siendo territorios de exhibición, numerosas féminas continuarán tropezando con la misma piedra de conseguir un cuerpo esbelto y tostado.

La esclavitud del ayuno es un caballo de batalla que comienza a trotar alrededor de este florido mes de mayo, que es cuando mujeres de toda edad y condición visualizan con horror ese inevitable momento en el que habrán de despojarse de sus atuendos primaverales, al menos si pretenden lucir los correspondientes bañadores, trikinis, bikinis o asimilados. Sirva un pequeño toque de ironía para indicar que el drama está servido en forma de michelines que, día sí, día también, advierten de que la única opción para menguarlos viene a ser un sellado bucal, dejando un exiguo orificio para introducir apenas una caña. 

Puro líquido y, a lo sumo, en un alarde de osadía, alguna ensaladita sin aceite ni sal que deje el cuerpo más frío que un pingüinario y el alma más triste que un ciprés -porque las dietas son como aquellas películas clasificadas S que proliferaron en la década de los setenta: ves una y has visto todas-. Normalmente se inician sin supervisión médica, siguiendo el tradicional sistema del boca-oreja tan del gusto de estas latitudes. 

“El otro día me crucé por la calle con Fulanita y me dijo que, si tomo la sopa quemagrasa, puedo perder hasta un kilo diario. Ella lo ha hecho y, desde luego, parece otra”. No cabe duda. Seguro que ha rebajado una talla de pantalón pero, en compensación, ha aumentado dos de mala leche. Qué quieren que les diga. De todos es sabido que, para mí, un mundo sin bocadillos de chorizo es una estafa. Me parece estupendo cuidar el aspecto físico e intentar dar la mejor imagen de una misma pero, de ahí a renunciar al placer de la gastronomía y a poner en riesgo la salud mental, va un abismo que, personalmente, no estoy dispuesta a atravesar.

La misma reflexión me asalta cuando observo a tantas personas arriesgando el pellejo -y nunca mejor dicho- en hamacas, toallas y esterillas varias. Es obvio que las campañas informativas sobre los peligros de la exposición solar desmesurada no hacen mella alguna entre los incontables amantes del astro rey, por mucho que los dermatólogos lleven lustros alertando sobre el aumento de los índices de melanoma sin lograr alterar en lo más mínimo esa discutible apreciación de asociar el moreno con la belleza. 

“El otro día me crucé por la calle con Menganita y me dijo que, con apenas cinco sesiones de rayos UVA, puedo alcanzar un tono lo suficientemente dorado como para no hacer el ridículo en mi primer chapuzón. Ella lo ha hecho y, desde luego, parece otra”. Tampoco lo dudo. Seguro que su grado de torrefacción podrá competir con el de la ex directora gerente del Fondo Monetario Internacional pero, en compensación, será una firme candidata a la dermis más ajada del milenio. Qué quieren que les diga. De todos es sabido que, para mí, lo mejor del sol es la sombra. Ahora bien, cada cual es muy libre de ser esclavo. Y lo digo sin ironía.

lunes, 7 de mayo de 2018

NUEVA PRESENTACIÓN LITERARIA





Inmensamente agradecida a la escritora Begoña Lorenzo y a la editora de ESCRITURA ENTRE LAS NUBES, Elena Morales, por confiar en mí para esta nueva presentación literaria.

El próximo jueves 10 de mayo a las 19.30h, en la emblemática LIBRERÍA DE MUJERES de mi querida Izaskun Legarza, hablaremos de vida y de literatura. 

Una combinación, sin duda, inmejorable.


viernes, 4 de mayo de 2018

CUANDO LA INDIGNIDAD PROVOCA INDIGNACIÓN


Artículo publicado en La Opinión de Tenerife el 4 de mayo de 2018

Artículo publicado en La Provincia (Diario de Las Palmas) el 5 de mayo de 2018








Ya hace algunos años acogí con sumo agrado una decisión del Tribunal Supremo en la que consideraba el maltrato psicológico como causa de desheredación, avalando así la decisión de un padre de privar de sus bienes a sus dos hijos, como consecuencia del abandono al que fue sometido por ellos durante sus últimos años de vida. Dadas sus particulares circunstancias, el anciano decidió que fuera su hermana (que le había acogido durante su enfermedad y le había cuidado hasta el fin de sus días) la elegida para heredarle. Pero, como por arte de magia, sus previsibles vástagos hicieron acto de presencia tras la defunción con la única pretensión de reclamar lo que consideraban suyo.

La batalla legal entre tía y sobrinos se alargó durante casi una década y terminó con la derrota de los reclamantes que, amén de no percibir ni un euro, tuvieron que hacer frente a las elevadas costas del procedimiento. El más alto órgano judicial español realizó por aquel entonces una interpretación extensiva de los artículos del Código Civil que regulan las causas de desheredación y equiparó el maltrato psicológico al llamado maltrato de obra. Para los Magistrados, el comportamiento de los demandantes había ido en contra de la dignidad de las personas consagrada en nuestra vigente Constitución.

Pues bien, esta misma semana,  otra noticia de similar dureza se me ha vuelto a clavar en el corazón como una lanza. Y es que, en ocasiones, me resulta insoportable asumir que existan individuos tan censurables como el protagonista de la presente historia. A grandes rasgos, los hechos se han desarrollado de la siguiente manera. Su hijo, ya fallecido, sufrió a los dieciséis meses una meningitis que le dejó como secuela una parálisis cerebral y la dependencia total de otra persona. La madre ya demostró en sucesivos juicios que, pese a los frecuentes ingresos hospitalarios del pequeño, el progenitor le ignoró y no volvió a verle, limitándose a abonar en cumplimiento de sentencia una cantidad aproximada de cinco mil euros en concepto de alimentos, no compareciendo siquiera en un proceso de privación de la patria potestad interrumpido a causa de la prematura muerte del menor.

Por fortuna, el Tribunal Supremo acaba de confirmar la incapacidad de este hombre para convertirse en su heredero, una vez ha quedado plenamente acreditado el abandono absoluto al que le sometió en vida. En concreto, el Alto Tribunal habla del concepto de "indignidad" contemplado en el artículo 756 del CC para acceder a dicha condición -que se convierte en automática cuando un difunto no deja descendientes-. La Sala afirma que, teniendo en cuenta la grave discapacidad del hijo, "el incumplimiento de los deberes familiares personales del padre hacia aquel no merece otra calificación que la de grave y absoluto, y otro tanto cabría decir de los patrimoniales, pues aunque hayan mediado algunos pagos de la obligación alimenticia convenida, sustancialmente no se ha cumplido esta y, como se razona, no se valora como involuntario tal incumplimiento".

Los firmantes subrayan que "es grave y digno de reproche que el menor, desde el año 2007 hasta su fallecimiento en el año 2013, careciese de una referencia paterna, de un padre que se comunicase con él, le visitase y le proporcionase cariño, afectos y cuidados, obligaciones familiares de naturaleza personal de indudable trascendencia en las relaciones paternofiliales, y todo ello sin causa que lo justificase. Pero aún es más grave y más reprochable si el menor, a causa de padecer una enfermedad a los dieciséis meses de edad, sufría una severa discapacidad, como consta en la sentencia recurrida, que exigía cuidados especiales”.

Formulo de nuevo la misma pregunta que en 2014, pero ahora cambiando la dirección de la flecha:¿es acaso justo que hereden obligatoriamente los ascendientes, con independencia de su comportamiento? Porque si el espíritu inspirador de las herencias es el de la solidaridad entre generaciones, qué menos que ejercerla en ambos sentidos. Cuestión de lógica.