martes, 20 de febrero de 2018

ACTRIZ POR UN DÍA









Hace apenas tres semanas tuve la oportunidad de vivir una experiencia absolutamente fascinante: la de convertirme en actriz por un día. 

Ahora, gracias a su "alma mater" María Hierro, al director Cándido Pérez de Armas y a su extraordinario equipo, cualquier persona puede disfrutar también de una inolvidable FILM EXPERIENCE EXPRESS. 

No lo duden y atrévanse a romper con la rutina. La magia del Séptimo Arte hará el resto.

Les dejo con esta imagen como aperitivo del divertidísimo rodaje. Dentro de poco, el cortometraje estará ya listo para su estreno. Hasta entonces, besos cinematográficos a todos y cada uno de mis adorables compañeros de aventura.



viernes, 16 de febrero de 2018

DONAR ÓRGANOS ES UN REGALO DE (LA) VIDA



Artículo publicado en La Opinión de Tenerife el 16 de febrero de 2018

Artículo publicado en La Provincia (Diario de Las Palmas) el 17 de febrero de 2018




Un tema tan trascendental como el de la donación de órganos vuelve a saltar a la palestra merced al visto bueno que acaba de otorgar el Senado holandés a una polémica ley que convertirá automáticamente a todos los ciudadanos del citado país en donantes, a menos que afirmen en vida y de manera explícita que no desean serlo. En el caso de ausencia de respuesta tras del envío de dos cartas de aviso para que aclaren su postura al respecto, quedarán registrados bajo la etiqueta de “no objeción”.

Al hilo de esta controvertida noticia, recuerdo un suceso que tuvo lugar hace más de un lustro en una pedanía manchega, donde un individuo asesinó a dos personas, entre ellas una niña de trece años con la que, supuestamente, mantenía una inexplicable relación sentimental. El posterior suicidio del criminal lo convirtió automáticamente en posible candidato para donar sus órganos vitales pero, al final, dicha intervención no se llevó a cabo por razones  insuficientemente aclaradas. Lo único que, por desgracia, sí trascendió en relación al hecho fueron las impresentables declaraciones de una popular presentadora de televisión, en las que trasladaba a su audiencia matinal sus inquietudes acerca de la transustanciación del alma de los malvados sobre sus vísceras (insensatez que, unida a otras como que el zumo de limón cura el cáncer o la ingesta de papas fritas frena la alopecia, encajaría como anillo al dedo en el espíritu de la reciente y plausible plataforma Salud Sin Bulos, que apoyo sin fisuras). Pues bien, para que mi posición no deje lugar a dudas, yo siempre prefiero salvar vidas, aunque para ello haya que recurrir a los despojos de un asesino en serie o de un atracador a mano armada. 

Apenas unos días más tarde, los luctuosos acontecimientos del Madrid Arena se saldaron con la muerte por aplastamiento de tres jóvenes, a quienes se unió posteriormente una cuarta que había quedado muy malherida. Esta última víctima ya había manifestado su deseo de ser donante en caso de fallecimiento y, de hecho, el protocolo de extracción se puso en marcha con celeridad (no hay que olvidar que en nuestro país la demanda de órganos supera con creces a la oferta, y que las listas de espera son interminables). Sin embargo, desde un juzgado madrileño aseguraron que no existía autorización verbal ni de ningún otro tipo antes de que el Hospital Universitario 12 de Octubre se pusiera en contacto con el juez titular. En consecuencia, el proceso se paralizó de inmediato.

Aquella criticada prohibición, además de frustrar los deseos de la menor fallecida, dejó en la estacada a numerosos receptores que podrían haberse beneficiado de aquel gesto. Según la versión de los facultativos, la difunta adolescente permaneció sometida durante cuatro días a diversas pruebas que aportaron numerosas conclusiones clínicas, pero todo apunta a que se podrían haber extraído las necesarias muestras biológicas para una posterior investigación sin obviar el trasplante. Por lo tanto, no parece descabellado concluir que aquella muestra de enorme solidaridad fue obstaculizada por un criterio, quizá legítimo, pero no demasiado acertado y en absoluto fundamentado ni motivado.

En todo caso, se impone una reflexión a la hora de abordar este delicado asunto. España es un país puntero en términos de solidaridad y, como sociedad, no debemos olvidar que la supervivencia de muchos de nuestros conciudadanos depende de actuaciones tan simples como la de manifestar abiertamente nuestra voluntad de ser donantes. Sin ser concebido como un acto obligatorio, al menos tendría que invitarnos a a reflexionar. Es preciso pararnos a pensar, llevar a cabo un ejercicio de empatía y ponernos en la piel de aquellos que, cada día que amanece, aguardan una llamada que les franquee la puerta de la supervivencia. Para esos posibles receptores, una donación es un regalo de vida. Y para los donantes, en mi humilde opinión, es un regalo de la vida.

miércoles, 14 de febrero de 2018

MI "NOCHE EN VELA"







La noche del pasado domingo tuve el privilegio de participar brevemente en el programa de Radio Nacional de España "La noche en vela" (a partir del minuto 15 en el enlace de audio adjunto). 

La periodista Pilar Tabares me llamó para invitarme a su tertulia, tras haber leído mi reciente artículo VIVIR EN SOLEDAD, MORIR DE SOLEDAD. 

Quiero compartir mi emoción por este nuevo e inesperado regalo del destino, convencida de que la Comunicación es clave para construir un mundo más humano y solidario. 

Mi más profundo agradecimiento también a Javier Urra, querido y admirado paisano que me honra a diario con su amistad. 








viernes, 9 de febrero de 2018

REQUISITOS PARA SER POLÍTICO EN ESPAÑA



Artículo publicado en La Opinión de Tenerife el 9 de febrero de 2018

Artículo publicado en La Provincia (Diario de Las Palmas) el 10 de febrero de 2018






Tal y como anunció hace escasos días su Ministro Portavoz, el Gobierno de España va a proponer que el Pacto Nacional por la Educación que se debate actualmente en el Congreso de los Diputados incluya un nuevo modelo de acceso a la docencia que incorpore una especie de MIR con una duración de dos años. A mí, dadas las circunstancias y teniendo en cuenta que soy una gran defensora de la excelencia, se me plantea de nuevo la misma duda que llevo arrastrando cuatro décadas. ¿Qué se exige en nuestro país para dedicarse a la “profesión” de político? Y me lo pregunto porque seguro que nadie pone en duda que, por ejemplo, para curar enfermos, diseñar edificios e impartir justicia se requiera estudiar las carreras de Medicina, Arquitectura y Derecho. 

Paradójicamente, no sucede lo mismo en el caso de la Política, para cuyo desempeño no se requiere titulación alguna. No resulta difícil imaginar la alegría de los virtuales aspirantes al saber que, para ocupar un escaño en un Parlamento, desempeñar el cargo de alcalde de una ciudad o asumir el puesto de Director General no es necesario disponer de formación específica. El propio artículo 11 de la Ley del Gobierno establece que, para ser miembro del Ejecutivo, basta con «ser español, mayor de edad, disfrutar de los derechos de sufragio activo y pasivo, así como no estar inhabilitado para ejercer empleo o cargo público por sentencia judicial firme».

Llegada a este punto, recuerdo cuantísimo me llamó la atención un estudio correspondiente a las Elecciones Locales de 2007, donde se evidenciaba que el perfil del concejal español adoptaba la figura de un varón de entre 26 y 45 años con conocimientos elementales. Pues bien, a un año vista de los próximos comicios municipales continúa siendo muy frecuente acceder a los Ayuntamientos con una escasa preparación, sobre todo en los pueblos pequeños. Incluso existen ejemplos de dirigentes situados al frente de un Ministerio sin haber pisado jamás una facultad. Curiosamente, esta opción cuenta con bastantes defensores, que denuncian el afán de algunos por la “titulitis”, argumentando que en la “Universidad de la Vida” también se licencian hombres y mujeres capaces de hacerse a sí mismos y aspirar a las más altas cotas. 

Ahora bien, planteada directamente la cuestión de qué habría que estudiar para ser político en nuestro país, es más que probable que la mayoría de los consultados se decantaran por el Grado de Ciencias Políticas.  Sin embargo, nada apunta a que esa sea la más transitada vía de entrada al selecto grupo de los representantes populares. Desde luego, no parece la más indicada para ostentar carteras como las de Fomento, Sanidad o Agricultura, ni tampoco para asumir la Presidencia de una Comunidad Autónoma. Por más que el dominio de determinadas materias del citado Grado sea muy necesario, es preciso igualmente el conocimiento de otros contenidos académicos que se van implementando con formaciones específicas y, sobre todo, con la imprescindible práctica posterior. Mención aparte merece la ética, en mi opinión la condición principal que, por cierto, no se adquiere en ningún aula. 

Por consiguiente, me sumo a la coherente petición que formulaba una escritora y filósofa esta misma semana en un periódico, tendente a instituir para la clase política los mismos criterios que ésta solicita ahora a los docentes -a saber, poseer titulación universitaria, Máster en Gestión, Inglés, oposiciones, prácticas y, además, ser reevaluados en una segunda convocatoria antes de su inclusión definitiva en las listas electorales-. Supongo que, a estas alturas del artículo, varios futuribles candidatos se habrán echado las manos a la cabeza pero, en todo caso, les invito a que realicen la siguiente reflexión: si, como dicen, la Educación marcha tan mal por una carencia de profesores cualificados, ¿no le estará sucediendo lo mismo a la Democracia por culpa de la escasa preparación de no pocos  políticos a quienes no se les demanda ni por asomo este nivel sobrevenido para ejercer la docencia? Pues eso.



viernes, 2 de febrero de 2018

VIVIR EN SOLEDAD, MORIR DE SOLEDAD



Artículo publicado en La Opinión de Tenerife el 2 de febrero de 2018

Artículo publicado en La Provincia (Diario de Las Palmas) el 3 de febrero de 2018






Empiezo a descubrir que el insomnio tiene sus ventajas. Acostumbrada a acostarme pronto y a levantarme todavía más pronto, me estaba perdiendo sin yo saberlo todo un universo de vivencias ajenas. Por lo visto, son millones las personas que duermen mal o que, directamente, no duermen, y algunas deciden confesarse a través de las ondas radiofónicas, amparadas tras el anonimato de la oscuridad de la noche. 

De cualquier noche. Como la de la otra noche cuando, hecha un ovillo sobre mí misma, el rostro casi incrustado en la almohada para preservar la discreción de una pequeña radio, escuché las confesiones de varias de ellas, que lamentaban su absoluta soledad a través de un llanto sordo, una suerte de inquietante música de fondo. Ya muy mayores, confirmaban con sus testimonios la sospecha de que la medicina alarga la vida pero no siempre la mejora, y avalaban la certeza de que, cuando se trata de una situación impuesta, la soledad va acompañada por una tristeza infinita y puede conducir a la muerte. Al cabo, sonaron las señales horarias que daban paso a las noticias de las dos de la madrugada -una hora menos en Canarias-, pero yo aún tardaría un buen rato en conciliar el sueño.  

La creciente epidemia de soledad que aqueja a nuestra sociedad supera a la patología de la obesidad. Ni siquiera la innovadora entrada de Internet en escena ha servido para reducir un fenómeno cada vez más intenso de aislamiento social, llamado a representar una mayor amenaza para el sistema sanitario que el tan alarmante índice de sobrepeso. En idéntico sentido, también preocupan los jóvenes por cuanto se refiere a la pérdida del denominado "grupo de la calle". Predomina la sensación generalizada de que las redes sociales proporcionan entretenimiento y compañía, pero evidentemente no es así, desde el punto y hora en que no sustituyen al contacto personal. Por lo tanto, la tecnología no solo no es capaz de frenar esta epidemia sino que, además, ha conseguido alterar la percepción que se tiene sobre ella de cara a la galería. 

Asoman, pues, potentes evidencias de que la soledad aumenta el riesgo de mortalidad. Su magnitud supera los principales indicadores habituales de salud y no se trata de un asunto que afecte solo a la Tercera Edad, sino que recae sobre la sociedad en su conjunto. En los Estados Unidos, donde una cuarta parte de la ciudadanía vive sola, la Asociación Americana de Psicología sostiene que existe una probada conexión entre soledad y muerte prematura. Tal vez por ello acabe de convertirse también en un  asunto de Estado para la Primera Ministra del Reino Unido, Theresa May, quien ha creado un Ministerio específico para abordar esta gravísima problemática que sufren más de nueve millones de británicos, de los que dos superan los setenta y cinco años. 

Nuestro país tampoco permanece al margen de esta dolorosa tragedia contemporánea. En España viven solos más de un millón de compatriotas que han alcanzado la edad prevista para la jubilación. Cientos de miles pasan días y días sin hablar con nadie. ¿Quién no ha oído hablar de seres humanos que, una vez fallecidos, llevan meses dentro de sus domicilios sin que nadie haya notado su ausencia? ¿Acaso cabe mayor tristeza? 

En mi opinión, hemos llegado a tal extremo que los gobernantes deben hacer frente con urgencia a esta lacra, tan extendida como silenciosa. Sin duda, dentro de sus responsabilidades figura la de velar por una sanidad integral de los ciudadanos, que requiere la puesta en marcha de políticas activas de promoción de la salud (incluidas las que potencien el apoyo social, las actividades de ocio, las relaciones interpersonales y la comunicación). Porque si vivir en soledad es lamentable, morir de soledad es inadmisible.