viernes, 22 de julio de 2016

EL LLAMATIVO INFLUJO DEL VERANO SOBRE LOS FRACASOS FAMILIARES



Artículo publicado en La Opinión de Tenerife el 22 de julio de 2016

Artículo publicado en La Provincia (Diario de Las Palmas) el 28 de julio de 2016





El amor es una asignatura que hay que aprobar a diario, pero su prueba de fuego por excelencia llega con el verano, estación en la que la convivencia entre los miembros de las familias se prolonga en el tiempo. La posibilidad de relajarse junto a la persona amada puede degenerar en este momento tan propicio para que afloren todos los reproches que han sido silenciados durante los ajetreados periodos de invierno y primavera. Ahora, los componentes de la pareja no pueden recurrir a ninguna excusa para evitar el tan temido enfrentamiento y, al compartir más minutos al día, las diferencias que apenas se perciben durante el resto de los meses (y que también incluyen a los hijos, a veces unos auténticos desconocidos para sus padres) emergen ahora a la superficie. 

La constatación de que la mayor parte de las demandas de divorcio se plantean al finalizar las vacaciones estivales es incuestionable y puede demostrarse estadísticamente. No obstante, la tan traída y llevada crisis económica también se deja sentir en los despachos de abogados y no es infrecuente encontrar personas que atraviesan dificultades financieras y que, ante la esclavitud de la hipoteca y la imposibilidad de afrontar por individual los gastos comunes, se resignan a seguir compartiendo el domicilio conyugal, aunque se vean abocadas a echar mano de un biombo para dividir el espacio en dos. Lógicamente, esta medida sólo es viable cuando se trata de seres capaces de evitar confrontaciones y no llegar a las manos en caso de discusión. De lo contrario, emprender el camino de vuelta a casa de los padres también suele ser otra opción, y bastante más frecuente de lo que pudiera parecer. 

El hecho de que uno de cada tres divorcios se produzca en el mes de septiembre no es, pues, ninguna casualidad. Algunos expertos en la materia, fundamentalmente juristas, atribuyen esta circunstancia al hecho de que los juzgados permanecen cerrados en agosto, pero otros profesionales -en concreto, psiquiatras y psicólogos- no comparten dicha explicación y defienden su propia teoría. La experiencia les dicta que la rutina diaria marcada por el trabajo, la casa y la atención de los hijos empuja a muchos matrimonios y parejas de hecho a ir arrastrando los problemas surgidos en la convivencia y que, por desistimiento, no estallan durante el resto del año. La obligación sobrevenida de permanecer juntos durante varias semanas y sin posibilidad de escapatoria saca a la luz las tensiones ocultas y ese falso equilibrio en el que se sustenta su vida familiar termina por hacerse añicos. 

Por regla general, las rupturas surgen cuando los problemas de comunicación vienen de antiguo, de modo que no debe sorprender que los desencuentros aumenten cuando más tiempo comparten, en esa etapa de ocio que justamente tendría que servir para realizar actividades en común y profundizar en los afectos. Tanto mujeres como hombres culpan de su enorme dificultad para interrelacionarse al yugo de los horarios cotidianos, ya sean domésticos, laborales o escolares. Sin embargo, resulta chocante que sea precisamente en los períodos de descanso cuando, pudiendo hacerlo, no quieran o no sepan. 

Es obvio que, si cada miembro de la unidad familiar se limita a pensar exclusivamente en su propio interés o en su particular modelo de ocio, está incumpliendo su cuota de responsabilidad para alcanzar la felicidad colectiva y es entonces cuando aparecen nuevas fricciones o aumentan las ya existentes. Reconocer la raíz del problema es el primer paso para encontrar la solución. En infinidad de casos ni siquiera es necesario coincidir en todos y cada uno de los planteamientos vitales. Basta con saber comunicar las diferencias de opinión para, desde el respeto, tratar de llegar a acuerdos. Ahora bien, si son incapaces de realizar esta imprescindible tarea a lo largo de once meses, difícilmente la llevarán a cabo con éxito en el que completa el calendario.

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