viernes, 21 de abril de 2017

CATÁLOGO DE ESPECIES A EXTINGUIR: XII. LOS VEJADORES DE MENDIGOS




Artículo publicado en La Opinión de Tenerife el 21 de abril de 2017



VEJAR A MENDIGOS COMO ENTRETENIMIENTO ALTERNATIVO


Repugnancia. Vergüenza. Desolación. Asco. Esa es la mezcla de sentimientos que me provocan las imágenes de hordas de aficionados que, aprovechando la celebración de los partidos de fútbol europeo de sus respectivos equipos, se dedican a vejar a cuantos mendigos se cruzan en su camino de etilismo y excesos. Al parecer, humillar a indigentes en las distintas ciudades donde se disputan las eliminatorias del deporte rey se ha convertido en los últimos tiempos en otra disciplina de competición. 

La escena suele desarrollarse más o menos así. Los infelices se acercan a algunos grupos de hinchas que beben a discreción en las terrazas más céntricas de las capitales. Les piden alguna moneda, como acostumbran a hacer con otros turistas y visitantes, pero aquellos optan por lanzárselas al suelo. Conforme se van agachando para recogerlas, las mofas, los cánticos y las burlas arrecian. Incluso les ofrecen limosnas más jugosas si están dispuestos a bailar, a hacer flexiones o a prescindir de la autoestima en cualquiera de sus formas, siempre que, por descontado, provoque la carcajada. Hay quien ha llegado a tirarles trozos de pan y a orinarles encima. 

Los opinadores más indulgentes acostumbran a sugerir que el gran culpable de estos desmanes es el alcohol (ya se sabe, las copas son el diablo), pero a mí ese argumento tan elástico no me convence. Por el contrario, me produce, si cabe, mayor rechazo. Desde luego, no me quiero ni imaginar el escándalo que se hubiera organizado si, en vez de maltratar a unos desdichados, las dianas de sus tropelías hubieran sido un toro, un perro o un caballo. Más de uno, a golpe de tuit, habría pedido la ejecución de los agresores en plaza pública. Pero, como sólo se trata de menesterosos anónimos, el escarnio se reduce a mera anécdota mediática. 

Por si no fuera suficiente, los mandamases de la UEFA, agitando la bandera de su falaz lucha contra el racismo, se limitan a proponer la asunción de medidas urgentes, todas ellas -cómo no- de carácter estrictamente económico. De ellos tampoco cabe esperar ninguna reacción más contundente ni, por supuesto, más efectiva. Apartar a los clubes cuyas aficiones se comportan como bestias salvajes sería un buen comienzo (aunque momentáneamente tuvieran que pagar justos por pecadores), ya que sólo así se evitarían unas acciones tan impropias de la raza humana. Pero no parecen estar por la labor. 

Lo que resulta más que evidente es que la sola aplicación de las leyes resulta ineficaz para resolver este problema. Como ocurre con tantas otras cuestiones, no basta con legislar, sino que urge educar en valores. Es obvio que a los seres humanos no nos define nuestro nivel económico. Sin embargo, esta sociedad en la que vivimos se dedica a ensalzar la hermosura y la riqueza y a denostar la fealdad y la pobreza. No nos importa que los refugiados huyan de la barbarie, a condición de que no ensucien nuestras calles y, sobre todo, no alteren nuestras conciencias. Lo que no se ve no existe. Así es la avanzada Europa de la que formamos parte, la misma en la que no estamos dando la talla como especie. 

Para colmo, este denigrante fenómeno no es exclusivo del ámbito deportivo. Recientemente un joven youtuber de apenas 19 años dio veinte euros a un sintecho en riesgo de exclusión social con el fin de poder grabarle mientras comía unas galletas rellenas de dentífrico para, posteriormente, colgar su lucrativo video en las redes sociales. El caso se puso en conocimiento de la autoridad judicial por si pudiera ser constitutivo de un delito contra la integridad moral. 

Personalmente, no albergo dudas de que estas actuaciones de desprecio hacia los más necesitados deben acabar ante los Tribunales. Hechos como los expuestos anteriormente resultan altamente preocupantes, porque ni son aislados ni cotizan a la baja. Es preciso, pues, que la ciudadanía se muestre firme frente a estas exhibiciones de falta de humanidad. Desde ahora mismo.

http://www.laopinion.es/opinion/2017/04/21/vejar-mendigos-entretenimiento-alternativo/768567.html



CATÁLOGO HASTA LA FECHA


I. LOS PROGRES (diciembre 2010)

II. LOS ECOLOGISTAS A DISCRECIÓN (febrero 2011)

III. LAS FEMINISTAS EXCLUYENTES (junio 2011)

IV.  LOS CONCURSANTES DE REALITIES (julio 2011)

V. LOS POLÍTICOS EN CAMPAÑA (noviembre 2011)

VI. LOS FALSEADORES DE CURRICULUM (febrero 2012)

VII. LOS LIGONES DE TRES AL CUARTO (mayo 2012)

VIII. LOS "ANIMALES DE PESEBRE" (febrero 2013)

IX. LOS DESPRECIABLES ESPÍAS (junio 2013)

X. LOS SINDICALISTAS SAQUEADORES (noviembre 2013)

XI. LOS RESENTIDOS CRÓNICOS (marzo 2014)





martes, 18 de abril de 2017

ES CUESTIÓN DE JUSTICIA, NO DE VENGANZA





Un centenar de intelectuales y víctimas del terrorismo han suscrito el manifiesto “Por un fin de ETA sin impunidad”, impulsado por el Colectivo de Víctimas del Terrorismo del País Vasco y liderado por Fernando Savater y Maite Pagazaurtundua, entre otros. El escrito cuenta con el respaldo de nombres destacados del arte y la cultura, como los del escritor Fernando Aramburu -autor de ‘Patria’, novela que comencé a leer ayer mismo-, el escultor Agustín Ibarrola y el director de cine Iñaki Arteta, entre otros muchos. 

Está inspirado en otro, suscrito en 2010 por todas las asociaciones de víctimas del terrorismo, en el que abogaban por un final de ETA sin impunidad. Alertan del riesgo de que el final de ETA se lleve a cabo sin la necesaria fijación de principios como la verdad, la memoria, la justicia y la dignidad de las víctimas. Llaman a reconocer, no sólo la dignidad de las víctimas de ETA, sino también de quienes resultaron heridos a consecuencia de sus acciones, de sus familiares, de los extorsionados, de los secuestrados y de los amenazados por la banda terrorista. 

El manifiesto reivindica que el derecho a la justicia real no es negociable ni relativo y, por tanto, el final de ETA debe ser manejado desde los principios que inspiran un Estado de Derecho. Los firmantes temen que el desarme propagandístico que ha anunciado la banda recientemente se convierta en realidad en un intento de autoblanqueo. Recuerdan a la ciudadanía y a los Gobiernos que no se puede perder la brújula moral ni política sobre ETA ni sobre el Estado de Derecho en este punto del proceso de final del terrorismo. Por último, urgen a defender dicho Estado de Derecho, sin trampas ni atajos para una organización culpable de la mayor conculcación de derechos humanos habida en la historia reciente de España. 

Respecto a la política penitenciaria, rechazan la excarcelación anticipada de presos juzgados y sentenciados enmascarándola en una aplicación laxa de la progresión de grados u otras medidas similares, ya que supondría una forma de impunidad. Llaman, por último, a la colaboración con las autoridades en el esclarecimiento de cientos de crímenes sin resolver. Tal y como indica la ley, “el requisito de la colaboración es el único que beneficia a las víctimas y que prueba el arrepentimiento real de los criminales”. 

El pasado sábado 8 de abril, coincidiendo muy a propósito con la fecha elegida por ETA para escenificar su mediática entrega de armas, me adherí con emoción a este manifiesto “Por un fin de ETA sin impunidad” y desde aquí quiero animar a que muchas otras personas también den el paso: 



Aquella mañana de sábado acudieron a mi mente recuerdos profundamente dolorosos de mi pasado y pensé en seres muy queridos por mí a quienes la sinrazón arrebató lo que más querían. 

Todos ellos saben que pueden contar conmigo. 

Como siempre. 

Para siempre.

viernes, 7 de abril de 2017

DEMOCRACIA DE PRIMERA, DEMOCRACIA DE SEGUNDA



Artículo publicado en La Opinión de Tenerife el 7 de abril de 2017

Artículo publicado en La Provincia (Diario de Las Palmas) el 7 de abril de 2017





Pasan los años, los lustros y las décadas, pero los españoles continuamos encorsetados por unas reglas de juego político claramente inapropiadas para el progreso de cualquier sociedad que se precie. Con el vigente sistema parlamentario, los ciudadanos elegimos a nuestros representantes en el Parlamento y en las corporaciones locales. No lo hacemos directamente ni a los Presidentes de los Gobiernos (ya sea el Central o los Autonómicos) ni a los regidores de los Ayuntamientos. Esas ulteriores designaciones se dejan en manos de los diputados y concejales salidos de las urnas, con la esperanza vana de que sus pactos constituyan un fiel reflejo de la voluntad popular. Sin embargo, abundan ejemplos muy significativos de que dicha traslación no se lleva a cabo con el rigor que cabría esperar. 

Sin ir más lejos, en nuestro archipiélago canario somos especialistas en constatar cómo las siglas más votadas son desterradas a la oposición a consecuencia de un posterior pacto entre las fuerzas perdedoras, de tal manera que Coalición Canaria siempre ejerce la labor gubernamental sin haber ganado nunca las elecciones. Pero mientras no se proceda a la reforma de este sistema electoral tan tremendamente injusto y desproporcionado que padecemos (tal y como está quedando de manifiesto en las comparecencias de los miembros de la Comisión Parlamentaria de Expertos creada a tal efecto, y que están teniendo lugar a lo largo de las últimas semanas), viviremos anclados en unas fórmulas caducas con el único argumento de que son legales y legítimas. 

Profundizando en la máxima de que no hay peor ciego que el que no quiere ver, nuestra actual normativa electoral ha permitido gobernar a las minorías como si fuesen mayorías o, al menos, influir como si contaran con un respaldo popular del que, en realidad, carecen. Así, los partidos nacionalistas se han comportado en el Congreso de los Diputados como si fueran grandes partidos de masas. Semejante paradoja se ha consentido exclusivamente por la nula visión de quienes, no habiendo obtenido una mayoría suficiente para conformar los distintos Ejecutivos -PP y PSOE, PSOE y PP- se han empecinado sistemáticamente en lanzarse en brazos del nacionalismo con el único fin de asegurarse unas legislaturas cómodas. Y es justamente de ahí de donde provienen los males que continuamos sufriendo a día de hoy y que no tienen visos de sanar como es debido. 

Como muestra de que cuando existe voluntad política todo es posible, ha habido momentos en nuestra Historia reciente en los que ambos partidos mayoritarios y antagónicos (todo parece indicar que Podemos ocuparía ahora ese segundo puesto) han sido capaces de obviar sus diferencias y aliarse en aras del bien común y el interés general de la ciudadanía. Uno de los más relevantes fue la unión entre el Partido Socialista de Euskadi y el Partido Popular del País Vasco para sustituir al PNV, que ostentaba el poder en su Comunidad Autónoma desde la Transición. Ya por aquel entonces se escucharon voces favorables a reeditar la misma alianza en el Ejecutivo canario pero, hasta la fecha, tal milagro no se ha producido. 

Sea como fuere, mientras no se reforme la nefasta Ley Electoral de nuestro archipiélago, o se instaure la segunda vuelta, o se apueste por otra fórmula en la que el pueblo elija directamente a sus gobernantes, las fuerzas que concitan los mayores apoyos por parte de los votantes estarán eternamente condenadas al enfrentamiento entre sí y a la estrategia del desgaste del contrario con el fin de aspirar a una cuota de poder. Urge, pues, reconsiderar la esencia misma de unos partidos políticos que, a todas luces, no están sirviendo para lo que en origen fueron creados. Decía el presidente norteamericano Theodore Roosevelt que “una gran democracia debe progresar, o pronto dejará de ser o grande o democracia”. Mucho me temo que la nuestra, no sólo no es grande, sino que dista cada día más de ser una Democracia de Primera.


martes, 4 de abril de 2017

LA VERDAD, TODA LA VERDAD Y NADA MÁS QUE LA VERDAD





Leo en un blog jurídico la reflexión de un compañero que quiero compartir.

Cuando un cliente entra en el despacho de un abogado y cuenta su verdad, la misión de este es creerle e intentar que, a lo largo de las distintas entrevistas, le  cuente “toda la verdad”. Es terrible que vayan apareciendo durante el procedimiento determinados hechos que debieron ser comunicados a su letrado por su trascendencia en relación a las medidas que deberían adoptarse. 

La labor del defensor será llevar al Juez al convencimiento de que esa verdad que se plasma en la demanda es la auténtica. Para ello hay que desplegar toda la actividad probatoria que sea necesaria, ya que esos relatos, de no ser admitidos por la parte contraria, no tienen valor probatorio alguno.

La cuestión es que esa contraparte igualmente tiene su verdad y, posiblemente, esté convencida de que también es la auténtica, porque un mismo hecho puede verse desde distintas ópticas. Ciñéndonos al ámbito familiar, qué fácil sería si la vida de la pareja se hubiese grabado en video, como en la película “El show de Truman”. Ya no haría falta juicio, puesto que su Señoría poseería un conocimiento perfecto de los acontecimientos y se situaría en una inmejorable situación para dictar las medidas. 

Lamentablemente, esto no pasa en la realidad. Siguiendo con el símil cinematográfico, una demanda equivaldría a un trailer en el que la parte actora recopila los momentos concretos que justifican las medidas que solicita. Pero la contestación a la demanda sería también otro trailer de otro largometraje que en nada se parece al de la parte contraria. Unos mismos actores para dos versiones distintas.

En definitiva, aquello que se logre acreditar en el procedimiento va a determinar la verdad judicial, que puede ser distinta de la real pero que, al mismo tiempo, es la única que se juzgará. De ahí la desazón de muchas personas cuando constatan que las sentencias no les dan la razón, pese a que ellas tienen muy claro lo que realmente pasó. Esta es la vertiente amarga de nuestra profesión. La que te recuerda que no basta con tener la razón sino que, además, te la tienen que dar.